Hileko artxiboak: martxoa 2017

LA AVENTURA DE MANU Y PIO

Erase una vez hace unos pocos años un cura que vivía en un bello pueblo con nombre Oiartzun  , el cura vivía en un pequeño piso con el mayordomo Pio que era , bajo , pequeño , con cabello sucio , vago , bobo , comilón y que no se tomaba nada en serio, El cura que se llamaba Jose Manuel Lekuona con su apodo “Manu” era , alto , delgado , rubio , firme , inteligente , trabajado , curioso y amable .

Manu y su criado vivían felices en Oiartzun hasta que llego la guerra civil Española y Manu le dijo a Pio que tenía miedo y que queria irse a otro sitio y que por esa razón mando una carta al convento de Lasarte – Oria y que ya le respondieron , que tenían una habitación libre y que tenían dos semanas para ir , sino ya seria tarde.

Por eso se hicieron la maleta y se prepararon para partir esa misma noche hacia el nuevo hogar. Por el camino se encontraron con dos militares, tontos, musculosos, feos y creídos. Ellos les dijeron que no podían pasar porque estaba prohibido pero ellos igualmente ellos pasaron, después de dos kilómetros los mismos militares les pillaron a los dos deambulando por la oscuridad.

Al cabo de un par de minutos ya estaban atados a unas esposas camino a la comisaria de Donostia. Por el camino a Manu se le ocurrió salir corriendo porque al fin y al cabo estaban atados con las mismas esposas y tenían que ir al mismo sitio y susurrando se lo digo a Pio su compañero sin que se enterasen los militares.

Justo a cuatro kilómetros justos de su destino (el convento de Lasarte-Oria )pusieron en marcha su plan y por lo sorprendente que parezca funciono el truco o sea que, sí fueron en su camino hacía el convento de Lasarte-Oria y esta vez no iban andando sino que corriendo para que no les pillasen los militares por segunda vez.

Al siguiente día antes de llegar a Lasarte-Oria se pararon en una roca a desayunar las manzanas y los plátanos que tenían porqués estaban hambrientos de tanto andar toda la noche.

Al cabo de un par de horas llegaron al convento y allí les acogieron perfectamente a los dos y también les dieron pollo para comer y la mejor habitación que tenían.  Era cuadrada, grande, ´tenía dos grandes camas para dormir y echarse la siesta, un baño con un váter y una ducha. Además, la habitación disponía de una cosa muy especial que le encanto a Manu; era una estantería llena de libros como una biblia, un cómic, y también una gran palanca de hierro llena de polvo medio escondida con una cortina de seda roja.

Dos días después Manu ya no podía aguantar sin poder tocar la palanca y lleno de valor bajo la palanca hacia abajo. Al cabo de unos segundos se encontró bajando por un túnel hacia un misterioso sitio que el tenía muchas ganas de saber hacía donde conducían esas curiosas escaleras.

Aquel mismo instante a Manu le latió el corazón tanto que has él lo notaba. Al final de aquellas escaleras había una puerta de acero y madera que él empujó, y allí se abrió sin problemas. Lo que había allí dentro era maravilloso (para Manu claro). Había un montón de cosas que a él le encantaban: libros. Sólo había libros y sin perder un instante entró y no tardó en descubrir el archivo de las monjas.

Desde aquel inesperado día todos los días bajaba y escribía con la información que tenía un largo texto sobre todo de lo que sabía. Después de cuatro años, se tuvo que ir de aquel maravilloso lugar donde descubrió grandes descubrió grandes secretos que él no hubiese sido capaz de descubrir por sí mismo.